Cuento A
Sandra era un adolescente toda callada que no tenía amigos, no porque no pudiera sino porque no quería. De hecho era bastante popular para lo callada que era, y hasta le caía bien a la mayoría de las personas. Era bonita muy bonita pero la gente no lo notaba de inmediato tal vez por el hecho de que no le interesaba tener amigos pues las personas le parecían muy simples.
Todos los días regresaba caminando a su casa desde la escuela, le gustaba mucho caminar y sin embargo también disfrutaba mucho no hacer nada.
Un día camino a casa se encontró un perro, de hecho era un cachorro, estaba sentado junto a una banca en una parada de autobús, no pudo identificar que raza era pero era un cachorro demasiado tierno y su mirada era muy parecida a la de ella, quiso llevarlo consigo pero el cachorro no quiso, cuando Sandra se acercó el cachorro nerviosamente se alejó, entonces ella pensó "bueno si no quiere pues ni modo".
Desde ese día en adelante cada vez que pasaba por la parada de autobús de regreso a casa veía al cachorro y bajaba el ritmo del paso pues le gustaba ver al pequeño y tierno cachorro, ya que sus ojos eran muy tiernos y profundos y pensaba que de alguna forma el cachorro y ella eran parte de algo mucho más allá de su entendimiento, el cachorro también la miraba como si le agradara verla, como si entendiera lo bonita que era ella y también de alguna forma sintiera una especie de pertenencia.
Así se vieron por los casi 3 años que Sandra fue a esa escuela, trato de tocarlo varias veces pero el cachorro siempre hacía lo mismo se alejaba de ella, salvo alguna ocasión en la que Sandra se sentó en la banca de la parada de autobús y se quedó con él por un largo rato, no se miraron pero se sentían muy a gusto o eso es lo que hubiese parecido si alguien los viera a lo lejos. Ahí estaban uno al lado del otro, después de unos minutos sin moverse en esa bonita imagen que proyectaban a lo lejos ella sin voltearlo a ver acarició el lomo del cachorro y el cachorro sin voltearla a ver acepto y disfruto la caricia para después de un momento salir corriendo como si no hubiera un mañana.
Alguna vez después del incidente de la caricia Sandra trato de tocarlo de nuevo pero el cachorro ya no lo permitía, los días siguieron normales Sandra se sentía bien de haber acariciado al cachorro alguna vez y no intentó tocarlo más después de varios intentos.
Antes de que terminaran el ciclo escolar de Sandra casi como si alguien o algo infiriera que Sandra dejaría de utilizar el camino donde veía al peculiar cachorro algo extraño paso...
Justo el último día de clases, cuando Sandra salió de su casa por la mañana hacia la escuela, ahí estaba el cachorro, fuera de su casa, sentado mirándola.
Fue algo extraño porque ella lo esperaba al finalizar la escuela, no en ese momento, se sintió rara como si no fuera lo normal, como si algo extraño o extraordinario estuviera a punto de ocurrir.
El cachorro tenía una mirada un tanto extraña y cuando la vio salir la miró por un momento y dio media vuelta, se fue caminando como si estuviera cansado.
Sandra comenzó a sentir algo extraño una especie de nervios y a la vez se percató que ese cachorro era algo extraño pues cayó en cuenta que ya no debería ser un cachorro pues tres años deberían haber formado algo más que un cachorro.
Sandra se olvidó de sus nervios y cómo por instinto comenzó a seguirlo, el cachorro nunca supo que Sandra lo seguía. Así lo siguió por más o menos 30 minutos, hasta que llegaron a una casa grande de 3 pisos, nada bonito, era como una casa cuadrada con una entrada, algo raro.
El cachorro entró, ella entró tras él a la casa cuadrada, era rara por dentro, toda hecha de concreto, se sentía fría e impersonal, había un espacio para la sala, para la cocina, para el comedor, para cada área que una casa debería tener pero todos los muebles a pesar de ser normales, parecían pequeños para las áreas destinadas y a parte no había ningún tipo de adorno en ningún lugar, algo muy raro, solo paredes de concreto y ese peculiar color gris.
Continuo siguiendo al cachorro, subió unas escaleras de concreto, pasaron varias habitaciones, todas las habitaciones eran iguales, una puerta de entrada cuatro paredes de concreto un especie de colchón y un taburete.
El cachorro entró a la última habitación de aquel pasillo de concreto y cuando Sandra entró tras él, para su sorpresa sólo había un joven durmiendo boca abajo en el colchón, no podía creer que no estuviera el cachorro, ella había entrado inmediatamente después no podía haber ido a ningún lugar.
Se quedó ahí examinando la habitación en busca del cachorro. Mientras hacía esto, el joven que estaba dormido comenzó a despertar y ella, sin razón aparente se sentó en el taburete a observar cómo despertaba.
Cuando el joven dio la vuelta y sus miradas se encontraron todo fue confusión, tardaron unos segundos aunque para ellos fueron como horas, en ese tiempo tan relativo ella se dio cuenta que la mirada del joven era la del cachorro y que por alguna extraña razón ahora se estaban reconociendo de esta forma.
Pero para el joven fue más extraño aún pues desde hacía mucho tiempo él soñaba que se transformaba en cachorro y salía a caminar por la ciudad.
En uno de sus viajes dentro de sus sueños conoció a una chica hermosa que quiso llevarlo pero él tuvo miedo y por eso no se fue con ella, sin embargo había algo en la chica que hacía que él quisiera seguir soñando con ella, el día que ella lo acarició, él se sintió completo como si nada le faltara pero a la vez le dio un miedo terrible, la sensación era algo que nunca había sentido y nada ni nadie pudo haberlo preparado para ese momento, por eso huyo y por eso no volvió a permitir que ella lo tocara.
Desde entonces en sus sueños él regresaba siempre al mismo lugar, a esa parada de autobús, para volver a verla y cada que la veía caminar y ella lo miraba a él a través del cachorro, se sentía completo.
Y así hizo lo mismo por casi 3 años, en sus sueños se sentía más vivo que nunca.
Un día tuvo una sensación rara y pensó que ese sueño no iba durar por siempre así que siguió a la chica hasta su casa con la esperanza de al despertar ir a buscarla.
Así lo hizo cuando ella pasó de regreso camino a casa cruzaron sus miradas él se sintió completo como cada vez que la veía y cuando ella le dio la espalda, él en su forma de cachorro comenzó a seguirla hasta llegar a donde ella vivía.
El no se iba ir de ahí hasta estar seguro de que la volvería a ver. Ese día en especial ella no salió de casa fue uno de esos extraños días en los que disfruto no hacer nada.
A la mañana siguiente cuando ella salió a su último día de escuela, él pensó que podía salir de su sueño pues ya sabía donde ir a su encuentro. Regreso a su casa y estaba tan cansado por haber pasado aquella noche esperando que ella saliera de su casa, que no se dio cuenta que lo seguía en sus sueños.
Ahora estaban ahí los dos mirándose cada uno más sorprendido que el otro y tratando de dar sentido a las cosas pero sin poder encontrar explicación alguna.
Él sólo hizo un espacio, en aquel colchón, ella se acostó a su lado, se besaron, si se le puede llamar beso, al más cálido toque de labios que alguna vez alguien sintió y se perdieron uno en la mirada del otro hasta quedar dormidos.
Y así estuvieron juntos por mucho mucho tiempo...
Fin.
Todos los días regresaba caminando a su casa desde la escuela, le gustaba mucho caminar y sin embargo también disfrutaba mucho no hacer nada.
Un día camino a casa se encontró un perro, de hecho era un cachorro, estaba sentado junto a una banca en una parada de autobús, no pudo identificar que raza era pero era un cachorro demasiado tierno y su mirada era muy parecida a la de ella, quiso llevarlo consigo pero el cachorro no quiso, cuando Sandra se acercó el cachorro nerviosamente se alejó, entonces ella pensó "bueno si no quiere pues ni modo".
Desde ese día en adelante cada vez que pasaba por la parada de autobús de regreso a casa veía al cachorro y bajaba el ritmo del paso pues le gustaba ver al pequeño y tierno cachorro, ya que sus ojos eran muy tiernos y profundos y pensaba que de alguna forma el cachorro y ella eran parte de algo mucho más allá de su entendimiento, el cachorro también la miraba como si le agradara verla, como si entendiera lo bonita que era ella y también de alguna forma sintiera una especie de pertenencia.
Así se vieron por los casi 3 años que Sandra fue a esa escuela, trato de tocarlo varias veces pero el cachorro siempre hacía lo mismo se alejaba de ella, salvo alguna ocasión en la que Sandra se sentó en la banca de la parada de autobús y se quedó con él por un largo rato, no se miraron pero se sentían muy a gusto o eso es lo que hubiese parecido si alguien los viera a lo lejos. Ahí estaban uno al lado del otro, después de unos minutos sin moverse en esa bonita imagen que proyectaban a lo lejos ella sin voltearlo a ver acarició el lomo del cachorro y el cachorro sin voltearla a ver acepto y disfruto la caricia para después de un momento salir corriendo como si no hubiera un mañana.
Alguna vez después del incidente de la caricia Sandra trato de tocarlo de nuevo pero el cachorro ya no lo permitía, los días siguieron normales Sandra se sentía bien de haber acariciado al cachorro alguna vez y no intentó tocarlo más después de varios intentos.
Antes de que terminaran el ciclo escolar de Sandra casi como si alguien o algo infiriera que Sandra dejaría de utilizar el camino donde veía al peculiar cachorro algo extraño paso...
Justo el último día de clases, cuando Sandra salió de su casa por la mañana hacia la escuela, ahí estaba el cachorro, fuera de su casa, sentado mirándola.
Fue algo extraño porque ella lo esperaba al finalizar la escuela, no en ese momento, se sintió rara como si no fuera lo normal, como si algo extraño o extraordinario estuviera a punto de ocurrir.
El cachorro tenía una mirada un tanto extraña y cuando la vio salir la miró por un momento y dio media vuelta, se fue caminando como si estuviera cansado.
Sandra comenzó a sentir algo extraño una especie de nervios y a la vez se percató que ese cachorro era algo extraño pues cayó en cuenta que ya no debería ser un cachorro pues tres años deberían haber formado algo más que un cachorro.
Sandra se olvidó de sus nervios y cómo por instinto comenzó a seguirlo, el cachorro nunca supo que Sandra lo seguía. Así lo siguió por más o menos 30 minutos, hasta que llegaron a una casa grande de 3 pisos, nada bonito, era como una casa cuadrada con una entrada, algo raro.
El cachorro entró, ella entró tras él a la casa cuadrada, era rara por dentro, toda hecha de concreto, se sentía fría e impersonal, había un espacio para la sala, para la cocina, para el comedor, para cada área que una casa debería tener pero todos los muebles a pesar de ser normales, parecían pequeños para las áreas destinadas y a parte no había ningún tipo de adorno en ningún lugar, algo muy raro, solo paredes de concreto y ese peculiar color gris.
Continuo siguiendo al cachorro, subió unas escaleras de concreto, pasaron varias habitaciones, todas las habitaciones eran iguales, una puerta de entrada cuatro paredes de concreto un especie de colchón y un taburete.
El cachorro entró a la última habitación de aquel pasillo de concreto y cuando Sandra entró tras él, para su sorpresa sólo había un joven durmiendo boca abajo en el colchón, no podía creer que no estuviera el cachorro, ella había entrado inmediatamente después no podía haber ido a ningún lugar.
Se quedó ahí examinando la habitación en busca del cachorro. Mientras hacía esto, el joven que estaba dormido comenzó a despertar y ella, sin razón aparente se sentó en el taburete a observar cómo despertaba.
Cuando el joven dio la vuelta y sus miradas se encontraron todo fue confusión, tardaron unos segundos aunque para ellos fueron como horas, en ese tiempo tan relativo ella se dio cuenta que la mirada del joven era la del cachorro y que por alguna extraña razón ahora se estaban reconociendo de esta forma.
Pero para el joven fue más extraño aún pues desde hacía mucho tiempo él soñaba que se transformaba en cachorro y salía a caminar por la ciudad.
En uno de sus viajes dentro de sus sueños conoció a una chica hermosa que quiso llevarlo pero él tuvo miedo y por eso no se fue con ella, sin embargo había algo en la chica que hacía que él quisiera seguir soñando con ella, el día que ella lo acarició, él se sintió completo como si nada le faltara pero a la vez le dio un miedo terrible, la sensación era algo que nunca había sentido y nada ni nadie pudo haberlo preparado para ese momento, por eso huyo y por eso no volvió a permitir que ella lo tocara.
Desde entonces en sus sueños él regresaba siempre al mismo lugar, a esa parada de autobús, para volver a verla y cada que la veía caminar y ella lo miraba a él a través del cachorro, se sentía completo.
Y así hizo lo mismo por casi 3 años, en sus sueños se sentía más vivo que nunca.
Un día tuvo una sensación rara y pensó que ese sueño no iba durar por siempre así que siguió a la chica hasta su casa con la esperanza de al despertar ir a buscarla.
Así lo hizo cuando ella pasó de regreso camino a casa cruzaron sus miradas él se sintió completo como cada vez que la veía y cuando ella le dio la espalda, él en su forma de cachorro comenzó a seguirla hasta llegar a donde ella vivía.
El no se iba ir de ahí hasta estar seguro de que la volvería a ver. Ese día en especial ella no salió de casa fue uno de esos extraños días en los que disfruto no hacer nada.
A la mañana siguiente cuando ella salió a su último día de escuela, él pensó que podía salir de su sueño pues ya sabía donde ir a su encuentro. Regreso a su casa y estaba tan cansado por haber pasado aquella noche esperando que ella saliera de su casa, que no se dio cuenta que lo seguía en sus sueños.
Ahora estaban ahí los dos mirándose cada uno más sorprendido que el otro y tratando de dar sentido a las cosas pero sin poder encontrar explicación alguna.
Él sólo hizo un espacio, en aquel colchón, ella se acostó a su lado, se besaron, si se le puede llamar beso, al más cálido toque de labios que alguna vez alguien sintió y se perdieron uno en la mirada del otro hasta quedar dormidos.
Y así estuvieron juntos por mucho mucho tiempo...
Fin.
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