Una vida
Hacía años que había perdido la voluntad de vivir...
Vivia porque pensaba que por muy jodido que estuviera, él siempre podría estar peor, después de todo es lo que el mundo le enseñaba, lo veía a día con día y momento a momento, gente en una situación mucho peor que la de él, gente sufriendo sin necesidad, y gente abusando de más gente, esto lo hacía odiar, pero a la vez al no se encontrarse en una peor situación, pues le daba un poco de animo para seguir viviendo.
En algún lugar de su cabeza imaginaba que en cualquier momento todo podría cambiar, y todo su rencor y odio hacía la humanidad se transformaría en algo con más significado, que podría volver a creer, volver a amar.
Pero solamente era eso, solo imaginaba... poco hacía por cambiar, por alcanzar lo que soñaba.
Parecía que algo o alguien se empeñaba en mantenerlo sedado, todo el tiempo se sentía enfermo, había algo que no permitía que despejara su mente, que volviera estar tranquilo, que se elevara del lugar donde no se sentía tranquilo, había algo que le quitaba los motivos.
Aun con todo esto, él solo seguía, seguía y le funcionaba, era una persona muy muy funcional, tenía amigos, trabajos, convivía y trataba de tener diferentes actividades, a pesar de odiar tanto, poco se le notaba, y había veces que hasta se sentía normal y aquellas veces, tal vez lo único que no le agradaba era la carencia de alguien a quien amar, aunque no era porque no quisiera amar a veces hasta buscaba a alguien quien amar, pero simplemente nunca encontró aquella mujer con quien empatara su forma de pensar, pareciera que todas las personas del mundo vivían de una forma un tanto desordenada y las mujeres de las que se enamoraba, simplemente no buscaban lo mismo que él.
Así pasaron los años y un buen día se sintió mejor, a pesar de estar medio moribundo gracias al tiempo, por alguna razón todo cambio, no quiso saber más de lo que ya conocía, y se fue muy muy muy lejos, a un pueblo suficientemente grande para encontrar todo lo que él gustara, pero suficientemente chico para poder recorrerlo en bici, un pueblo muy muy lejano donde nadie sabía nada de él, donde el clima nunca cambiaba y los montes y montañas invitaban a visitarlas por la tarde y regresar por la noche a dormir al pueblo.
Tuvo tiempo, no por tenerlo, sino por luchar por tenerlo, aprendió otro idioma, aprendió otras culturas, disfruto, el mundo nunca le pareció un lugar mejor, la gente no cambio, pero ya no importo, no importaba, simplemente él estaba más a gusto, mejor, no necesito ya nada.
Así paso el resto de su vida nunca se entrego por completo a su humanidad, a la humanidad que había en él, y esto fue lo mejor para todos, él estaba tranquilo, nunca dejo de pensar que la humanidad estaba en un estado nefasto y absurdo, "podrida" si había que usar sólo un adjetivo, pero el estaba tranquilo, a gusto, dirías que contento si alguna vez te hubieras encontrado con él en aquellos momentos.
Paso el tiempo y al fin murió, solo, como un desconocido, en un lugar muy distante a donde nació, todos lo identificaban pero nadie sabia quien era, era un popular desconocido, un rutinario y funcional desconocido, en su lecho de muerte atino a escribir lo siguiente:
Nosotros, en el momento de reconocernos tenemos la capacidad de transformar el mundo como mejor nos convenga, viviendo de esta manera, tenemos que estar dispuestos a morir aceptando las consecuencias.
Solo escribió esto y después murió, de una forma tranquila... muy tranquila.
La gente que lo identificaba por alguna razón lo siguió visitando en su tumba, por digamos, demasiado tiempo, y en la lapida, se encontraba escrito con unas hermosas letras en un idioma diferente al que conocemos (debido a que él se encontraba en un lugar muy muy lejano) lo que con mucha tranquilidad escribió al final de su vida:
Nosotros, en el momento de reconocernos tenemos la capacidad de transformar el mundo como mejor nos convenga, viviendo de esta manera, tenemos que estar dispuestos a morir aceptando las consecuencias.
En aquel pueblo, que no era ni muy chico, ni muy grande, donde él murió, su tumba fue visitada y recordada durante, digamos... siempre, y la personas de aquel lugar a veces cuando se encontraban confundidas, sin darse cuenta se veían repitiendo aquellas palabras escritas sobre una lapida, de aquel popular desconocido:
Vivia porque pensaba que por muy jodido que estuviera, él siempre podría estar peor, después de todo es lo que el mundo le enseñaba, lo veía a día con día y momento a momento, gente en una situación mucho peor que la de él, gente sufriendo sin necesidad, y gente abusando de más gente, esto lo hacía odiar, pero a la vez al no se encontrarse en una peor situación, pues le daba un poco de animo para seguir viviendo.
En algún lugar de su cabeza imaginaba que en cualquier momento todo podría cambiar, y todo su rencor y odio hacía la humanidad se transformaría en algo con más significado, que podría volver a creer, volver a amar.
Pero solamente era eso, solo imaginaba... poco hacía por cambiar, por alcanzar lo que soñaba.
Parecía que algo o alguien se empeñaba en mantenerlo sedado, todo el tiempo se sentía enfermo, había algo que no permitía que despejara su mente, que volviera estar tranquilo, que se elevara del lugar donde no se sentía tranquilo, había algo que le quitaba los motivos.
Aun con todo esto, él solo seguía, seguía y le funcionaba, era una persona muy muy funcional, tenía amigos, trabajos, convivía y trataba de tener diferentes actividades, a pesar de odiar tanto, poco se le notaba, y había veces que hasta se sentía normal y aquellas veces, tal vez lo único que no le agradaba era la carencia de alguien a quien amar, aunque no era porque no quisiera amar a veces hasta buscaba a alguien quien amar, pero simplemente nunca encontró aquella mujer con quien empatara su forma de pensar, pareciera que todas las personas del mundo vivían de una forma un tanto desordenada y las mujeres de las que se enamoraba, simplemente no buscaban lo mismo que él.
Así pasaron los años y un buen día se sintió mejor, a pesar de estar medio moribundo gracias al tiempo, por alguna razón todo cambio, no quiso saber más de lo que ya conocía, y se fue muy muy muy lejos, a un pueblo suficientemente grande para encontrar todo lo que él gustara, pero suficientemente chico para poder recorrerlo en bici, un pueblo muy muy lejano donde nadie sabía nada de él, donde el clima nunca cambiaba y los montes y montañas invitaban a visitarlas por la tarde y regresar por la noche a dormir al pueblo.
Tuvo tiempo, no por tenerlo, sino por luchar por tenerlo, aprendió otro idioma, aprendió otras culturas, disfruto, el mundo nunca le pareció un lugar mejor, la gente no cambio, pero ya no importo, no importaba, simplemente él estaba más a gusto, mejor, no necesito ya nada.
Así paso el resto de su vida nunca se entrego por completo a su humanidad, a la humanidad que había en él, y esto fue lo mejor para todos, él estaba tranquilo, nunca dejo de pensar que la humanidad estaba en un estado nefasto y absurdo, "podrida" si había que usar sólo un adjetivo, pero el estaba tranquilo, a gusto, dirías que contento si alguna vez te hubieras encontrado con él en aquellos momentos.
Paso el tiempo y al fin murió, solo, como un desconocido, en un lugar muy distante a donde nació, todos lo identificaban pero nadie sabia quien era, era un popular desconocido, un rutinario y funcional desconocido, en su lecho de muerte atino a escribir lo siguiente:
Nosotros, en el momento de reconocernos tenemos la capacidad de transformar el mundo como mejor nos convenga, viviendo de esta manera, tenemos que estar dispuestos a morir aceptando las consecuencias.
Solo escribió esto y después murió, de una forma tranquila... muy tranquila.
La gente que lo identificaba por alguna razón lo siguió visitando en su tumba, por digamos, demasiado tiempo, y en la lapida, se encontraba escrito con unas hermosas letras en un idioma diferente al que conocemos (debido a que él se encontraba en un lugar muy muy lejano) lo que con mucha tranquilidad escribió al final de su vida:
Nosotros, en el momento de reconocernos tenemos la capacidad de transformar el mundo como mejor nos convenga, viviendo de esta manera, tenemos que estar dispuestos a morir aceptando las consecuencias.
La gente lo leía, y de alguna forma en aquel idioma que no conocemos, estas palabras tenían más sentido, pues llenaban a la gente de cierta tranquilidad.
Nosotros, en el momento de reconocernos tenemos la capacidad de transformar el mundo como mejor nos convenga, viviendo de esta manera, tenemos que estar dispuestos a morir aceptando las consecuencias.

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