Proyectil percutido

Había una vez un wey que trabajaba en... digamos una editorial de esas grandes que tienen oficinas en alguna zona mamona de la ciudad de México o "México" a secas como cualquier persona del interior mismo que esta en el exterior de la ciudad de México, le diría al distrito federal.

Bueno teníamos a este wey y este wey se sentía bastante cómodo con lo que hacía, que era escribir, esto no le costaba esfuerzo alguno, tal vez cuando inició, pero no ahora, ahora él tenía lo que le gustaba llamar, "tener un buen ritmo" ganaba buen dinero y vivía un día a la vez, sin darle demasiada importancia a nada, sin hacer demasiados planes, sin desear nada, así... solo viviendo.

Como cualquier persona normal, salía de fiesta con sus compañeros y compañeras de trabajo, no le gustaba demasiado pero pues era parte de la rutina de una persona normal, él pensaba, en alguna ocasión un día de los de fiesta, después de la misma y viendo que Marcelita, una compañera que trabajaba en la misma oficina que él, no tenía modo de llegar a su casa pues vivia muy retirado, decidió invitarla a dormir a su casa, no, no mal entiendan, tenían años conociéndose eran... si habría que poner etiqueta "amigos" él era un chico bueno, ella lo sabía, ella para él era, pues, digamos, interesante, le gustaba platicar con ella, para fines prácticos eran amigos y la casa de Pancho o Pedro no recuerdo como se llamaba, estaba cerca, podían llegar caminando sin problemas y así fue.

Llegaron al loft de Pedro... ok digamos que se llamaba Mr. P, llegaron y ya se les comenzaba a bajar el mareo producido por el alcohol de la fiesta pero ambos dos seguían con el calorcito que dura más y que solamente el alcohol puede proporcionar, después de platicar un rato en la sala, subieron las escalera a su "habitación" si se le puede llamar habitación al espacio destinado a la cama en un loft, estaba en un especie de medio piso volando entre la sala y aquel techo tan alto, Mr. P extendió un colchón inflable al lado de la cama, no malentiendan, podía dormir abajo en la sala pero por la forma del loft y el techo alto, el sofá era mas frió y aunque había aíre acondicionado era difícil que sala y habitación estuvieran a la misma temperatura, ya que sólo había un termostato, le explicó esto a Marcelita que ahora será llamada Ms. M para que concuerde con Mr. P, él le pregunto —¿Qué escoges cama o colchón?— Ms. M escogió colchón, no le gustaba abusar de la gente, por lo menos no mucho, como Mr. P había sido lo suficientemente cortes para invitarla a su casa y darle a escoger cama o colchón, no volvió a insistir, ni pregunto por segunda vez y dijo —ok—.

—¿Quieres una playera para que duermas más cómoda?— pregunto Mr. P y Ms M dijo —si por favor gracias— así de corrido, Mr. P eligió la más grande para ella, para que se sintiera cómoda, como si fuera una bata, se la dio, Ms. M dijo, no andes de chismoso, eh, y Mr. P le contesto, estarás muy buena corazón, a parte seguro he visto mejores y se rió, Ms. M respondió pues quien sabe si mejores pero como esto, no creo bombón, dijo esto mientras se señalaba toda ella, ahora voltéate pervertido, él como buen amigo y compañero de trabajo se volteo... listo dijo ella.

Cuando Mr. P la vio con su playera puesta algo cambio, alguna especie de pertenencia mutua y familiar se sintió, muy raro, tal vez Ms. M también lo sintió, aunque ambos dos nunca tuvieron la certeza de que fue esto, por que para ser sinceros, Mr. P nunca vio a Ms. M de una manera sexual, vamos para fines prácticos, nunca la vio de ninguna forma, eran compañeros de trabajo y la buena relación había llevado a Mr. P a conciderar a Ms. M su amiga, eso esto pero en fin, estando ahí, viendo a Ms. M sin nada mas que la camisa de Mr. P, por que al parecer se había quitado todo, o eso parecía al ver el bulto de ropa junto al colchón, bueno esto hizo que Mr. P de repente se sintiera un poco incomodo, nunca atino a saber que fue lo que causo aquella agradable incomodidad.

Se fueron a dormir pero ninguno de los dos podía hacerlo, tenían la luz apagada y cada quien estaba en su lugar Mr. P en la cama y Ms. M en el colchón, se contaban chistes tontos, anécdotas pasadas de momentos más juveniles, sobre cosas vergonzosas, platicaban del trabajo, no podían conciliar el sueño, en un momento de silencio Mr. P que para fines prácticos era hombre pensó para sus adentros, seguramente no se duerme porque pues a lo mejor quiere algo, por que sino fuera así, para que estaría aquí, bueno claro, siguió pensando, yo la invite por que quedaba más cerca mi casa de donde estábamos pero tal vez si quiere algo, y si quiere unos besos o algo, no creo, aunque nada pierdo con preguntar, a parte jamas imagine que se iba ver tan tierna y linda con mi camisa puesta, pienso hasta ciertamente sensual, le voy a preguntar, total ninguno de los dos puede dormir, y unos besos nunca están de más, y así lo hizo, ¿Oye Ms. M porque no te duermes, digo yo tampoco pero tu por qué no? y ella respondió, no sé, no me da sueño y mira que ya es tarde, ya hasta se me bajo la peda, Mr. P continuo ¿No querrás unos besos? y Ms. M se rió fuerte ¡Jajajajaja seguro los quieres tu! el que en pan piensa hambre tiene, dijo esto y volvió a reír fuerte, Mr. P dijo, bueno, si quieres aquí estoy, para eso están los amigos y Ms. M se rió una vez más y luego dijo, pues si tú quieres, aquí estoy yo y Mr. P en algún momento pensó, bueno creo que que es hora de dormir, pero luego, volvió a pensar, pero que coño estoy haciendo, si no voy a darle unos besos a Marcelita tal vez mañana le diga a todos que soy un reverendo puñal, aunque ella no es así, pero mejor no me quedare con el pendiente, aventó sus edredones y sabanas, se levanto de la cama, camino hacía el colchón y Ms. M ya lo esperaba con las sabanas destapadas, se tumbo quedaron de lado viéndose a la cara y ella lo cubrió con las sabanas el la tomo de la cintura la acerco a su cuerpo y se sintieron como nunca antes, él pensó que Ms. M se sentía muchísimo mejor de lo que se veía aunque después se dio cuenta que también se veía muchísimo mejor de lo que jamás imagino, ahí estaban sintiéndose ya estaba de más pero Mr. P que tenía su nariz tocando la de Ms. M, le dijo con una voz un poquito más gruesa y con un volumen bajo pero agradable ¿Quieres unos besos, o qué? y Marcelita respondió yo creo que "o qué" pero ahorita vemos, ladearon un poco la cabeza para que no estorbaran las narices y hubo besos.

Pedro o Pancho, no recuerdo como se llamaba, le voy a dejar Pedro por que los Pedros siempre tienden a ser más weyes y Mr. P siento que es una banda de rock pop noventera, ahí estaba Pedro nunca imagino que Marcelita fuera tan así para los besos, le agradaron bastante, pero luego paso algo que no predijo, Pedro era medio tonto, ni porque le dijeron "ahorita vemos" pa acabar pronto Marcelita no sólo quería besos y pues como Pedro no tenia aquello en mente, fue tomado por sorpresa, Marcelita dijo ¿Que paso Pedrito no que muy buen amigo? él se rió y dijo, eso me pasa por estar de ofrecido y rió mucho, estoy un poco nervioso porque no esperaba algo más que unos besos, dijo Pedro, a lo que respondió Marcelita, seras bruto (quería decir pendejo, pero Marcelita se contuvo) y se rieron juntos, siguieron besándose y diciendo chistes bobos y cuando menos se dieron cuenta Pedro estaba listo para aquello y aquello paso, una y otra vez y por todos lados de aquel loft, estuvieron tentados a salir al pasillo, no recuerdo si paso y todo estuvo de locos, Pedro nunca imagino que Marcelita tan menudita toda ella, hiciera semejantes acrobacias y que fuera... como decirlo, tan compatible con él, osea que se amoldara tan bien. 

Desde aquel día no pararon de tener encuentros casuales, coger le diremos pa fines prácticos, utilizaron casi en su totalidad el edificio donde trabajaban, las oficinas de juntas, los baños, los elevadores, aunque dejaron de hacerlo en los elevadores, por que se dieron cuenta que había una cámara, luego supieron que hacia años no servían los sistemas de vigilancia y algunos pasillos poco transitados se unieron a la cuenta, en la azotea había un jardín, techos verdes le llaman, y a cierta hora extrañamente siempre coincidían, y claramente coincidían para que casi nunca hubiera gente, en fin esa azotea era mágica y coger en ella, ahí con aquella vista, era un agasajo.

Pedro sabia desde el principio que Marcelita tenia novio y pues decidió no volver a preguntar por él, después de todo se la estaban pasando bien, a parte él mismo nunca quiso una relación seria y llego a mencionárselo a Marcelita más de una vez. 

Todo fue puro gozo, por bastante tiempo, un día Marcelita llego y le dijo a Pedro que estaba embarazada, Pedro se saco mucho de oda porque según él se había cuidado, y no había manera, pero también pensó que siempre pueden pasar cosas raras, platicando resulto que el bebe era de el novio de Marcelita, uff pensó Pedro pero después sintió una especie de traición, aunque lo pensó una segunda ocasión, realmente no había motivo por el que sentirse de esa manera.

Pedro siguió teniendo encuentros con Marcelita aun estando embarazada, digamos que... porque así lo querían los dos, Pedro siempre pensaba en lo delicioso que era coger con una mujer embarazada y es que es espectacularmete húmedo y calentito, Pedro lo disfruto de sobremanera.

Un día cuando estaban en la azotea haciendo lo que les gustaba, osea cogiendo de forma en exceso apasionada, y tal vez hasta peligrosa para una persona con cinco meses de embarazo, por lo menos eso pensaba Pedro, que podría ser peligroso pero aun así no contenía aquella agradable pasión, aquel día cuando terminaron e iban camino a las escaleras encontraron un proyectil percutido, calibre 22 tal vez, de hecho Marcelita lo encontró ella iba adelante a pedro le gustaba ver su trasero, mientras ella caminaba, Marcelita se agacho recogió aquel proyectil y se lo dio a Pedro y le dijo, mira, solamente dijo eso, era algo muy raro, no se encuentra algo así todos los días, él lo tomo y dijo, orale que loco, y siguieron caminando juntos.

Mientras caminaban, estaban seguros que ese proyectil percutido era una señal inequívoca de que aquello que tenían, esa cosa sexual o lo que fuera que tuvieran, debía terminar, ninguno sabia porque ninguno dijo, nada, pero en el momento que tuvieron aquel proyectil percutido, supieron que era la señal.

Esa fue la ultima ves que tuvieron un tórrido encuentro. Meses después Marcelita tuvo un niño, no se pareció en nada a Pedro, gracias a dios, pensó él y así siguió viviendo Marcelita siguió con su novio y tuvo digamos otros dos hijos.

Y así todos fueron felices por siempre.


Fin.

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